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sábado, 30 de octubre de 2010

Mina que fue en otros tiempos...

                                                                













Mujer, musa inspiradora… Mezcla de debilidad y fortaleza para el varón que la evoca… Perfección estética o ética… O en otros casos, decididamente un mal que padeció …

Mujer que se ha ido, y con esa pérdida, la destrucción del hombre. Dimensión pasional del amor encarnado en un tipo de mujer que es capaz de llevarlo hasta el horror...Pero si permanece a su lado, elevarlo a la felicidad total.

Hoy pasearemos por los lugares comunes que han definido a las mujeres en las letras del tango. Arquetipos con nombre de mujer. Porque en esta selección, sólo tomé algunos tangos que tienen por título un nombre o apodo.

Y allí veremos las que se han ido, las francesitas, las que “dieron el mal paso”, las idealizadas, las singulares…

Y todas ellas nombradas y expuestas desde el título mismo.



1) La que se fue y nunca volverá…


Hemos conocido uno de los dramas de amor de los tangos: el del hombre abandonado. El poeta llora y lamenta la pérdida, pero exacerbando en el recuerdo las bondades de la evocada. Idealización generada desde la no presencia. Figura que se agranda con el paso del tiempo y en un presente de soledad.


Alejandra, E. Sábato y A.Troilo: “Entre soledades y hondos dolores/ En vagas regiones de negros malvones,/ Estás, Alejandra, por cuáles caminos,/ Con grave tristeza, ¡Oh, muerta princesa!(…) La sorda sirena de un barco lejano/ Mis ojos nublados te buscan en vano.”

Ana Lucía, J. B. Gatti y J. R. Iglesias: “Ana Lucía.../ Mi muñeca delicada y rubia,/ Ana Lucía.../ Capullo que mojó la lluvia./ Breve fue su paso por mi vida/ Triste fue el destino de su amor.../ Aquel invierno/ Está en mi alma todavía,/ Mi pequeña Ana Lucía/ En mis brazos se moría,/ Como una flor...”

Claudinette, J. Centeya y E. Delfino: “Ausencia de tus manos en mis manos/ Distancia de tu voz que ya no está.../ Mi buena Claudinette de un sueño vano/ Perdida ya de mí, ¿dónde andarás?/ La calle dio el encuentro insospechado/ La calle fue después quien te llevó.../ Tus grandes ojos negros, afiebrados/ Llenaron de tiniebla, mi pobre corazón.”



¿Dónde estás, Mariel? R. Yiso, J. Puey y A: “Mariel... Mariel.../ Muchacha de París, te quiero./ Sin ti, Mariel.../ De angustia y de ansiedad, me muero/ Mariel... Mariel.../ Qué senda te llevó tan lejos.../ Te busco, pero dónde,/ Te llamo, no respondes,/ Dónde se ocultó tu amor./ Te sueño noche y día,/ Daría yo mi vida/ Sólo por hallar tu amor.”

Ivón, H. Sanguinetti y L. Vasca: “¡Dónde andarás, Ivón!/ De calle en calle mi amor te nombra./ ¡Dónde andarás, Ivón!/ De barrio en barrio te busco, alondra./ Y me parece que estás huyendo de mí.”

Lilián, L. Caruso y H. Varela: “Lilián.../ Rubia y dulce, Lilián./ Pasión.../ De un romance casual./ Esa noche yo estaba tan sólo/ Y tú llenaste mi soledad./ Lilián.../ Rubia y dulce, Lilián./ No estás.../ Esta noche no estás.”

Lisón, J. Centeya y J. Ranieri: “Lisón/ Tu amor quedó en mi corazón./ Lisón, dulce Lisón./ Y fue/ La melodía de tu voz/ Sentí triste canción./ Lisón/ Eran tus manos blancas/ Y yo soñaba con la luna/ Vida mía./ En un/ Romance azul de juventud/ Lisón, dulce Lisón.”

Magdalena, L. Caruso y D. Cisne: “Vino trayendo alegrías/ Que el barrio desconocía/ Llenando todo de sol./ Se llamaba Magdalena/ Y era tan buena/ Tan buena.../ Magdalena, Magdalena.../ Como se agranda esta pena,/ Al saber que nunca más/ He de volverme a mirar/ En tus ojos, Magdalena.”

María, C. Castillo y A. Troilo: "María.../ En las sombras de mi pieza/ Es tu paso el que regresa.../ María.../ Y es tu voz, pequeña y triste/ La del día en que dijiste:/ “Ya no hay nada entre los dos”.../ María.../ La más mía... la lejana.../ Si volvieras otra mañana/ Por las calles del adiós.../(…) Pero tus manos buenas, regresaban presentes/ Para curar mi fiebre, desteñidas de amor...

Mimí Pinsón, J. Rótulo y A. Roggero: “Mimí Pinsón,/ Yo te soñé en la novela de Musset/ Y te encontré después en mi destino./ Qué cortos fueron los caminos de los sueños/ Y qué vanos los empeños/ Por salvarte de la muerte./ Sigue la nieve castigando el ventanal.../ ¡Y yo con esta soledad!/(…) Te veo y te presiento,/ Pero es inútil, ya no vienes a mi encuentro/ Mimí Pinsón...”

Gricel, J. M. Contursi y M. Mores: “No te olvides de mí.../De tu Gricel.../Me dijiste al besar/El Cristo aquel.../Y hoy que vivo enloquecido/Porque no te olvidé/Ni te acuerdas de mí/Gricel... ¡Gricel!.../Me faltó después tu voz/Y el calor de tu mirar,/Y como un loco te busqué/Pero ya nunca te encontré,/Y en otros besos me aturdí./¡Mi vida toda fue un engaño!”

Rosicler, F. García Jiménez y J. Basso: “Te llamabas Rosicler/ Como el primer/ Rayo del día.../ Y en los lirios de tu piel/ Todo mi ayer/ Se perfumó.../ Ese ayer que me persigue/ Con su máscara terrible/ De dolor y de imposibles.../ Ya me voy, rubia mujer/ Ya nunca más he de volver.../ Y en el río de las sombras/ Soy la sombra que te nombra/¡Mi Rosicler...!”

Margarita Gauthier, L. J. J. Nelson y J. M. Mora: “Hoy te evoco emocionado,/ mi divina Margarita/Hoy te añoro en mis recuerdos ¡Oh, mi dulce inspiración!/Soy tu Armando el que te clama, mi sedosa muñequita/El que llora... el que reza, embargado de emoción./El idilio que se ha roto me ha robado paz y calma/Y la muerte ha profanado la virtud de nuestro amor,/¡Para qué quiero la vida!... si mi alma destrozada/Sufre una angustia suprema... vive este cruento dolor.”

Rubí, E. Cadícamo y J. C. Cobián: “Rubí.../Acuérdate de mí,/No imploro tu perdón/Mas de tu corazón no me arrojes.../Rubí.../¿Adónde irás sin mí?/Cuando no estés conmigo/¡Quién podrá quererte así!/Rubí.../En este instante gris/Un último dolor…”




2) La que dio “el mal paso”…



A través de la historia, la figura femenina ha dado lugar a muchas reflexiones y teorías, casi todas basadas en la tradición, prejuicios, tabúes religiosos, supersticiones, etc…

Desde una perspectiva del género, es una historia de supeditación que nace con la implementación del patriarcado en las comunidades primitivas y que continuó en las contemporáneas.

Según el “orden natural”, el hombre pertenece al mundo exterior y la mujer, al interior. De este modo, las mujeres son confinadas al perímetro casero.

En mis estudios sobre literatura infantil, recuerdo estos temas recurrentes en los cuentos de hadas, donde las protagonistas mujeres o niñas, salían del espacio que les era propio y sufrían por ende, las consecuencias. Invito de paso a la lectura de “Psicoanálisis de los cuentos de hadas” de Bruno Bettelheim, donde desarrolla este tema y otros por demás interesantísimos.

Así las cosas, y ubicándonos en el Buenos Aires de principios de siglo, observaremos que este orden se mantiene, con ingredientes característicos del “macho argentino” y las circunstancias propias de un país en constantes cambios y tamizado de influencias foráneas. Identidad que no se pierde, pero con dificultades a la hora de cohabitar con otras.

Y en el tango, en sus letras, está reflejado este tópico: la mujer que abandona “su” lugar para irse a otro. Pibas deslumbradas por las luces del centro. Dejan el barrio para obtener una vida fácil, y con ella, todos los peligros. Tentación por darse ciertos gustos y que la llevan a “perderse”.

Son numerosos los tangos en que está presente este reclamo a las mujeres que cambiaban de vida para obtener “riquezas y placeres”. Presente también el desconocimiento del cómo se gestó ese cambio. Algunas aparecen como arrastradas de algún modo a ese camino de un mal fin, justificadas como en este verso: “otras cayeron igual”. Mujeres, entonces, que no han decidido ellas mismas su destino.

Como hoy nos convoca sólo aquellos tangos con “nombre de mujer”, los invito a investigar cuántos otros han tratado este tópico, y verán qué larga es la lista.

Carmín, M. Robles y V. Buchino: “Carmín, siempre está el sitio que dejaste ayer./Carmín, siempre hay dos manos que rogando están./Ya es tiempo de llorar, con llanto de malvón,/Con lágrimas de fe, Carmín volvé.(…)/Ayer, tenías el sol en tu rayuela/Alumbrando tu vida simple y pura,/Y hoy que tenés la pista iluminada/Está a oscuras tu pobre corazón."

Galleguita, A. Navarrine y H. Pettorosi: “Galleguita, la divina/La que a la playa argentina/Llegó una tarde de abril/Sin más prendas, ni tesoros/Que tus negros ojos moros/Y tu cuerpito gentil./Siendo buena, eras honrada/Pero no te valió nada/Otras cayeron igual./Eras linda, galleguita/Y tras la primera cita/Fuiste a parar al Pigall.”





Gigí, E. Moreno y E. Valentino: “Nos citaban las campanas/En el patio de la escuela,/Y caían azucenas/En tu blanco delantal.../Tarde de oro en tus cabellos/En tus ojos, dulces sombras,/Y nació mi primer verso/Que inocente aun te nombra/Con amor sentimental.../Gigí.../Ayer te vi por Santa Fe./Gigí.../Perfume, seda y esplendor./Y yo.../Pobre bohemio te lloré./Mujer.../De un sueño de oro que volvió.”

Margot, C. Flores, C. Gardel y J. Razzano: “Yo me acuerdo, no tenías casi nada que ponerte/Hoy usás ajuar de seda con rositas rococó,/Me revienta tu presencia, pagaría por no verte/Si hasta el nombre te has cambiado, como has cambiado de suerte/Ya no sos mi Margarita, ahora te llaman Margot.”

Milonguita, S. Linning y E. Delfino: “Estercita.../Hoy te llaman Milonguita,/Flor de noche y de placer/Flor de lujo y cabaret./Milonguita.../Los hombres te han hecho mal/Y hoy darías toda tu alma/Por vestirte de percal./Cuando sales por la madrugada/Milonguita, de aquel cabaret,/Toda tu alma temblando de frío/Dice: ¡Ay, si pudiera querer!.../Y entre el vino y el último tango/P’ al cotorro te saca un bacán.../¡Ay, qué sola, Estercita, te sientes!/Si llorás, dicen que es el champán.”




3) La francesita “gaucha”…





Tangos en donde las protagonistas son las francesas en Buenos Aires o las argentinas ancladas en París. Recordemos que en las primeras décadas del siglo XX, el tango se expande en París y cambia costumbres, aquí y allá.

Este culto nuevo que apasiona a la ciudad, va a mezclar a todas las clases: aristócratas, vividores, nobles, actrices, prostitutas, todos. Un Art Déco en París pero también en Buenos Aires… Tango en los famosos cabaret del centro, pero conviviendo con el de los patios, conventillos, tabernas, saloncitos y prostíbulos.

Además por estos años, se reproducen los burdeles con mujeres que venían de todas partes del mundo como España, Francia, Italia, Alemania y hasta de Polonia, para los hombres también inmigrantes que habían abandonado a sus familias en busca de posibilidades en otro continente.

No es de extrañar entonces, que las francesitas fueran las protagonistas de muchos tangos. Y veremos a continuación que ya en sus títulos llevan los nombres de aquellas musas galas.



Griseta, J. González Castillo y E. Delfino: “Mezcla rara de Museta y de Mimí/Con caricias de Rodolfo y de Schaunard,/Era la flor de París/Que un sueño de novela trajo al arrabal.../Y en el loco divagar del cabaret/Al arrullo de algún tango compadrón,/Alentaba una ilusión/Soñaba con Des Grieux,/Quería ser Manón./Francesita/Que trajiste, pizpireta/Sentimental y coqueta/La poesía del quartier/¿Quién diría/que tu poema de griseta,/sólo una estrofa tendría/la silenciosa agonía/de Margarita Gauthier?”

Ivette, P. Contursi;  A. P. Berto y J. A. Roca : "¡Que te ha de dar ese otro/que tu viejo no te ha dado!/¿No te acordás que he robado/pa´ que no falte el buyón?/¿No te acordás cuando en cana/te mandaba en cuadernitos/aquellos lindos versitos/nacidos del corazón?

¡Lucienne!, J. Fuentes y D. Rullo: “ ¡Lucienne!/Extraña francesita que adoré./¡Lucienne!/Te llama con dolor mi soledad,/Amor de mi lejana juventud./¡Lucienne!/Tu risa entre las sombras se perdió,/Y una mañana gris/Por ti lloró mi corazón.”

Madame Ivonne, E. Cadícamo y E. Pereyra: “Han pasao diez años que zarpó de Francia/“Mamuasel” Ivonne, hoy es sólo “Madam”,/La que al ver que todo quedó en la distancia/Con ojos muy tristes, bebe su champán./Ya no es la papusa del barrio latino/Ya no es la mistonga florcita de Lis,/Ya nada le queda... ni aquel argentino/Que entre tango y mate, la alzó de París.”

Manón, A. M. Podestá y A. De Bassi: “Vida, vida vieja que cinchas cansada/Repitiendo tu nombre, Manón,/Y se siente morir recostada/Sobre los latidos de mi corazón./Vida, pobre vida que ya ni se mueve/Que ni sabe por qué te perdió,/Heroína de un barrio con nieve/Francesita gaucha, mi linda Manón./Rondo tu recuerdo,/Persigo tu sombra,/Mi pena te nombra/Con fervor, con gratitud.”

Margo, H. Expósito y A. Pontier: “Margo ha vuelto a la ciudad/Con el tango más amargo,/Su cansancio fue tan largo/Que el cansancio pudo más./Varias noches el ayer/Se hizo grillo hasta la aurora,/Pero nunca como ahora/Tanto y tanto hasta volver./¿Qué pretende, adónde va,/con el tango más amargo?/¡Si ha llorado tanto Margo/que dan ganas de llorar!”

Marión, Luis Rubinstein: “En la evocación, vuelve a soñar mi corazón/Y el sueño eres tú, Marión./Amor de mi juventud, que no se olvida/Amor que llena de luz, toda mi vida./Sombras del ayer con su tristeza de canción/Siempre me dirán: “Marión”.../Marión.../Sé que a tu lado fui feliz,/Cuando te di mi corazón/En el viejo París./Recuerdo,/La angustia del adiós,/Y el cielo/Llorando por los dos./Marión.../Amor lejano que dejé,/Quiero que sepas, corazón/Que jamás te olvidé...”




4) La idealizada…


Aquí van tres ejemplos de mujeres que, este caso, son elevadas a un rango de idealización. Y el poseerlas provoca en el que canta, dicha y placer absolutos. Nótese el estilo empleado (“adorable belleza de hurí”, “lumbre de luna, de plata, fulgor”, “o mi mente delira, o ese ser adorado”). Aconsejo siempre leer la letra completa de cada tango para una comprensión total. Y se podrá observar que el poeta ha buscado ciertos términos para poder alcanzar la medida justa de ese estado de embeleso o felicidad plena.





Alicia (vals), E. Cárdenas y G. D. Barbieri: “Porque quiero mi canto elevar/ Oye, Alicia, mi acento febril,/ Y no dejes que tu alma me niegue/ Tu adorable belleza de hurí./ En tus labios de fino coral/ Yo quisiera tus besos sorber,/ Aunque sepa, mi Alicia divina/ Que todos tus besos me maten después.”


Clarita, J. González Castillo y D. Fortunato: “Porque eres, Clara, la claridad/Resplandeciente de la bondad,/Lumbre de luna, de plata, fulgor/Y que no quema ni mata, claror./Como la luna en los lares, color/Como la luna en los mares, candor,/Tú has bañado mi vida, Clarita querida/En la luz de tu amor.


Elvira, te quiero, M. Romero y R. Sciamarella: “Me parece mentira/El haberla encontrado,/Como yo la he soñado/A Elvira.../O mi mente delira/O ese ser adorado,/Ya se encuentra a mi lado/¡Mi Elvira!.../(…)¡Elvira, te quiero!.../Siempre te he esperado/Y ahora que has llegado,/No huyas de mi lado/Como una ilusión...”




5) Y aún quedan más…

Sí… y éstas son mujeres cantadas ya no desde el amor del poeta, sino evocadas como un modelo de inspiración, mujeres de particulares características dentro de un mismo motivo literario: la soledad que alberga penas. Aquí están Malena, María de nadie y Marylin:


Malena, H. Manzi y L. Demare: “Malena canta el tango como ninguna/Y en cada verso pone su corazón,/A yuyo del suburbio su voz perfuma/Malena tiene pena de bandoneón./Tal vez, allá en la infancia, su voz de alondra/Tomó ese tono oscuro de callejón.../O acaso aquel romance, que solo nombra/Cuando se pone triste con el alcohol./Malena canta el tango con voz de sombra,/Malena tiene pena de bandoneón.”


María de nadie, M. Iaquinandi y E. Blázquez: “María de nadie/Qué triste color,/Tus ojos de pena/Tu pena de amor./Las noches sin sueño/Y el viejo café,/Un mundo sin dueño/Y un tiempo sin fe./Ahora ya es tarde,/Ahora el dolor,/María de nadie/No tienes amor.”


Marilyn, C. Castillo y M. Nijensohn: “Dormida en el splín de tu verdad/La noche llora el sueño del hollín,/La soledad del cuarto en soledad/Que dice que el amor, fue de aserrín./Vas a dormir por siempre tu ansiedad/Sobre una rosa antigua de cotín,/Tu triste vanidad, la copa de tu gin/La vida siempre ruin, de la ciudad.”



Pensadores, psicólogos, sociólogos hablaron de "la subjetividad de una época". Cada época tiene un discurso que le es propio y cada generación genera, justamente, significantes que la representan.

Por eso en este camino del mundo de las mujeres que hoy recorrimos, emisor y receptor pertenecen a un determinado contexto que hemos ido desarrollando: el porteño, hombre y mujer del ´20 al ´60 aproximadamente. En este paseo que hemos realizado, salieron a la luz esas mujeres a través de la mirada, el análisis, y el juicio de quienes las han cantado. En parte basados en la concepción ancestral antes mencionada, pero mezclada con las circunstancias de vida propias de ese espacio y tiempo.

Es de suponer que el sujeto actual no es el mismo que el de siglos pasados, ya que su posición está determinada, como vimos, por la historia.

Queda en nosotros, entonces, echar un vistazo para ver cómo andan las cosas por estos tiempos.
Y a no sorprenderse si encontramos vestigios de algunos de los versos aquí expuestos...


Por Mónica Matar










sábado, 16 de octubre de 2010

Otros ojos, los perversos...

El tema del “engaño, el engañado, el traicionado” en el Amor… Ojos que vieron en un tiempo algo que luego cambió hasta convertirse en lo opuesto… Corazones rotos por haber creído y la desilusión de la equivocación… Cambios en ese ser amado que “ya no es lo que fue” y que produce dolor… Sacarse el velo de los ojos, haber estado “ciego”, comprobar el error… En fin, acciones que engañan… palabras que engañan… ojos que engañan.
Temas presentes una y otra vez en la literatura en general de todas las épocas y de todas las corrientes literarias… Y es lógico, representan uno de los dramas universales del hombre en todo tiempo y lugar.

Jorge Manrique “Diciendo qué cosa es el amor” afirma: “qué gran aleve hicieron / mis ojos, y qué traición; / por una vista que os vieron / venderos mi corazón”. Y en “Es amor fuerza tan fuerte” muestra este “no razonar” a la hora de amar: “un forzar de voluntad / donde no valen razones; / una sospecha celosa / causada por el querer, / una rabia deseosa / que no sabe qué es la cosa / que desea tanto ver”.

También Francisco de Quevedo aconsejaba: “Dios te la depare buena / que la vista al gusto engaña”.

Y más tarde Lope de Vega en un soneto confirma todo lo anterior: “creer que el cielo en un infierno cabe / dar la vida y el alma a un desengaño / esto es amor, quien lo probó lo sabe”.





Ninguna expresión artística escapa a estas experiencias humanas básicas, por eso también el Tango supo decir mucho al respecto. Es extensísima la lista que incluye a los tópicos de amor a los que nos dedicaremos hoy. Realicé una selección para ejemplificarlos, y por razones de espacio y por no hacer tediosa quizás la lectura, transcribiré unos pocos versos. Obviamente los invito a abordar cada letra completa, para ver estos temas en su contexto total.

Creí conveniente plantear tres grupos temáticos, según lo más relevante en cada tango, aunque todos ellos están íntimamente relacionados entre sí.

I) Ceguera de la razón, ceguera del corazón.
II) Engaño / Desengaño.
III) Mentiras odiadas, mentiras deseadas.


I) Ceguera de la razón, ceguera del corazón:

Como habrán leído en el comienzo, elegí como título para la página de hoy, un verso de Discépolo de su tango “Uno” (1943). Don Enrique habla de los ojos perversos de una mujer concreta. Pero aquí se lo pido prestado, pero teniendo en cuenta los ojos del protagonista de cada una de las historias de los tangos… Y surgen los interrogantes. ¿Ellos han sabido mirar, se enfrentaron a una realidad que ya se mostraba pero que sus ojos no la vieron? ¿Será que han estado “engañados” pero desde ellos mismos, y han hecho responsables al otro del engaño? Es cierto que en muchos casos los cambios del ser amado son reales y vienen desde él… Pero en otros, da la impresión de que estos protagonistas se “desayunan” de algo que siempre estuvo, y un buen día, un disparador cualquiera transforma esa mirada… Y es allí donde caen en la cuenta de que fueron sus mismos ojos, los perversos.

Ramón de Campoamor, poeta español, 1817 – 1901, escribió estos versos:
“En este mundo traidor
nada es verdad ni es mentira.
Todo es según el color
Del cristal con que se mira”





Y años más tarde, Enrique Cadícamo, tomó esos versos para su tango La luz de un fósforo” (1943):
En todo, siempre el color
Es del cristal
Con que se mira...
De rosa, yo te veía,
Cuando callabas...
Cuando reías...
Después, con otro cristal,
Cambió el color
Y ya no eras...
La vida es toda ilusión
Y un prisma es el corazón...


Ahora entonces van algunos ejemplos que presentan la idea de ceguera, ojos que traicionan, o el no haber podido (o querido) ver.

“Ciego”, Luis Rubinstein: “Ciego... Estaba ciego en mi delirio./Ciego... Porque este amor era un martirio./ Y ahora que cayó la venda de mis ojos/ Me asqueo al recordar/ Tus lindos labios rojos./ Ciego...¡Bendita sea mi ceguera!/ Si al fin... Saltó la venda y vi que eras/ Una vulgar muñeca de cartón”.
“Bufón”,
Oscar Alberto Vázquez: “Tu imagen fue la farsa, que yo adoré / De toda tu negrura./ Y en medio de sus besos, enloquecí ciego”.
“Capricho de amor”,
Horacio Sanguinetti: “Qué ciego estuve al pretender/ Tomar en serio tu querer,/ Que fue pasión fugaz/ Capricho, nada más”.
“Como una de tantas”,
Carlos Bahr: “No esperé nunca de vos.../ Esta sucia canallada,/Uno es ciego por amor/ Y lo mata la confianza”.
“Fruta amarga”,
Homero Manzi: “¡Aquel frío alucinante!/ De un instante, me cegó./ Fue en un viento de locura/ Sin ternura, sin perdón./ Fue en el grito enronquecido / De un amor enloquecido/ De dolor”.
“Fui”,
Alberto Andrés Leiva: “Fui todo eso junto y fui tan ciego/ Que no vi que eras capaz de tanto mal,/ Fui un juguete más para tu juego/ Un moño que colgaste de tu pelo...”.
“No mientas”,
Héctor Marcó: “Era tan feliz y fue tan ciega mi confianza / Que jamás la duda vino a mi razón...”.
“Tarde”,
José Canet, 1947: “Error de haber querido ciegamente/ Matando inútilmente la dicha de mis días./ Tarde me di cuenta que al final/ Se vive igual fingiendo,/ Tarde comprobé que mi ilusión/ Se destrozó queriendo”.
“Cuesta abajo”,
Gardel y Le Pera, 1933: “Si fui flojo, si fui ciego,/ sólo quiero que hoy comprendan/ el valor que representa/ el coraje de querer”.
“Sin Palabras”,
E. Santos Discépolo, 1945: “Los ojos casi ciegos de mi asombro,/
junto al asombro de perderte y no morir”.
“Acquaforte”,
Juan Carlos Marambio Catán, 1931: “Hoy puedo ya mirar con mucha pena/ Lo que en otros tiempos miré con ilusión”.




II) Engaño / Desengaño

Las palabras “engaño”, “desengaño” o las derivadas, aparecen en otra extensa lista de tangos. He seleccionado algunos en que están presentes estos términos, acentuando el tema expuesto ya en la trama tejida por ese “yo lírico” a lo largo de cada canción.


“El Abrojito”, J. Fernández Blanco, 1926: “No sé por qué me engañabas así,/ sin demostrar desamor…”
“Soy un arlequín”,
E. Santos Discépolo, 1928: “Me engañó tu voz,/ tu llorar de arrepentida sin perdón”.
“Uno”,
E. Santos Discépolo, 1943: “Precio de castigo que uno entrega/ por un beso que no llega,/ o un amor que lo engañó…/ Vacío ya de amar y de llorar/ Tanta traición”.
“Nunca tuvo novio”,
Enrique Cadícamo, 1930: “Yo con mi montón de desengaños,/ igual que vos, vivo sin luz,/ sin la caricia venturosa/ que me haga olvidar mi cruz”.
“Recuerdo malevo”,
Alfredo le Pera, 1933: “Habiendo cenizas de los desengaños,/ El recuerdo, amigo, es mejor borrar”.
“Amargura”,
Gardel y Le Pera, 1934: “Pero estas penas hondas/ De amor y desengaño,/ Como las yerbas malas/ Son duras de arrancar”.
“Adónde iré con mi suerte”,
A. M.Cubría, Juan C. Di Santo y Francisco A.Goggiano: “Será acaso que no supe / Respetar o respetarme,/ O que confié demasiado/ Y quisieron engañarme”.
“Ahí está”,
Gastón A. Bordería: “Pensando en la burla y el engaño/ Que, como daga se le clavó.../ Pensando en los labios que mintieron/ Cuando dijeron de aquel amor...”.
“A otra cosa, che pebeta”,
Enrique Cadícamo: “¿A quién vas a engañar?/ ¿A quién vas a querer?/ ¡A otra cosa che pebeta,/ con el biógrafo que hacés!
“Baraja de amor”,
Enrique Cadícamo: “Baraja de amor/ Cartón engañador,/Me ganaste con trampa/ Y perdí el corazón”.
“De puerta en puerta”,
Carlos Pesce: “De aquél, tu cariño, tan grande y profundo/ Que vos me ofreciste con ansias de amar.../ Por esas palabras que a mí me engañaron/ Hoy llevo en el alma un hondo dolor”.
“Desengaño”,
Juan Andrés Caruso: “Si yo nunca, nunca te he dado motivo/ Que fueras conmigo tan falsa y tan cruel,/Fue tu desengaño que mató mi vida/ Dejando una herida que no cerrará”.
“El abrojito”,
Jesús Fernández Blanco: “No sé por qué te alejaste de mí/ Si te adoré con creciente fervor,/ No sé por qué me engañabas así/ Sin demostrar tu desamor”.
“Falsas promesas”,
1931, Eugenio Cárdenas: “Con tus risas y promesas/ Engañado me tuviste, Hasta que después me hundiste/ En un tremendo sufrir”.
“Falso”,
Héctor A. Schmitt Bello: “Por qué vivir engañados/ Si lo nuestro es un fracaso,/ Hagamos frente a los hechos/ Y vivamos la verdad...”.
“Fangal de dolor”,
Palmer, Lila y Velmar: “Sin pensar que el corazón/ También se sabe engañar,/Y loco por ti... ¡Te digo que no!
“Fe”,
Felipe Mitre Navas: “Angustias de amores, me ha dado la vida/ Sufrí mil tormentos de tanto confiar,/Amé y me engañaron y al fin con recelos/ Dejé las pasiones, de largo pasar”.
“Flores negras”,
Mario César Gomila: “Después, después, mil noches de placer y ensueño/ Tú junto a mí, temblando de emoción,/ Sublime engaño de saberme dueño/ De tus encantos, de tu ardiente corazón”.
“La vida me engañó”,
Marfil: “La dicha me sonrió/ Y ciego la seguí/ Pero ella se burlaba de mi corazón./La dicha nunca vino hasta mi olvido/ La vida me ha mentido/ La vida me engañó”.
“Mentira fue tu amor”, Enrique Lary: “Mis mejores años.../ Mentira fue tu amor... Qué ingratitud, Cuánto desengaño...”.
“Última función”,
José Arenas Díaz: “Si en tu mirada llueve gris, la despedida/ Y en mi esperanza ya no caben desengaños”.
“Una mentira más”,
Alberto Cosentino: “Y asonsao por tus antojos, me engañaste como a un niño/ Pa´ otorgarme luego un premio, que yo nunca merecí”.
“Ventanita florida”,
Luis César Amadori: “¡Tanto que lo quise!/ ¿Para qué me engañó, para qué?”.




III) Mentiras odiadas, mentiras deseadas

Si repasamos la larga lista de títulos de los tangos, notaremos que también son varios los que incluyen la palabra “mentira” o sus derivadas, y algunos ya en el título. Y como es de esperar, la historia que se cuenta tiene que ver con ese temido sustantivo abstracto que es el plato principal en el menú del engaño.
Ahora bien: vuelvo un poco al concepto, tan rico para el análisis psicológico como filosófico. No voy a hacer nada de ello, lo dejo a los especialistas. Sólo voy a exponer aquí la idea de “Mentira”, que en casi todos los tangos se entrelaza con la de “dejar de amar”… con el cambio que se produce en los seres por el tiempo o sus circunstancias… Mentira que se entremezcla con “haber encontrado otro amor”, alejarse o simplemente, romper lazos…
Así es como en los siguientes ejemplos, los protagonistas de las tramas amorosas pregonan esa mentira, cuando los han dejado de amar. Y definen esa relación que han tenido, casi siempre de dicha, como una gran mentira que el ser amado edificó sobre la ilusión del engañado. Y el sufrimiento que trae el tomar conciencia de esta realidad (otrora sueño, fantasía o ilusión).
Lo curioso es que, en algunos casos, está presente la necesidad de seguir siendo engañados. Por eso, voy a exponer los ejemplos en dos grupos, según los temas.


A) Tomar conciencia, romper con el ayer:

Comenzaré con una lista de títulos que, evidentemente, manifiestan en los versos de todo el tango lo que anuncian:

“Mariposa mentirosa”, Ángel Di Rosa
“Mentías”, Milón E. Mujica
“Mentira”, Celedonio Esteban Flores
“Mentira, Manuel Romero
“Mentiras”, Francisco García Jiménez
“Mentiras de amor”, Manuel A. Meaños
“Mientes”, Ángel Marú
“Todo es mentira”, Ivo Pelay
“Y mentira fue tu amor”, Félix Rosario Arena
“Y todo es mentira”, Abel Aznar


Y aquí van los versos de otro variado abanico de tangos:


“Color de rouge”, Marfil y A D ´Angelis: “Entonces yo no sé, lo que pasó/ Acaso fue una broma del amor,/ Mentira de tus labios y tu voz/ Tu voz color carmín, que me manchó”.
“Maquillaje”,
Homero Expósito, 1956: “Mentiras… Que son mentiras tu virtud,/ Tu amor y tu bondad/ Y al fin tu juventud./ Mentiras…¡Te maquillaste el corazón!/ Mentiras sin piedad…/¡Qué lástima de amor!”.
“Por una cabeza”,
Gardel y Le Pera, 1935: “Por una cabeza, metejón de un día,/ De aquella coqueta y burlona mujer,/ Que al jurar sonriendo,/ El amor que está mintiendo,/ Quema en una hoguera todo mi querer”.
“Cómo se miente”,
Abel Aznar: “Si el amor es un cacho de luz/Cuando quise alumbrarme la zurda,/La mentira me puso una cruz/Y del engaño, me hundí en la curda”.
“El huracán”,
Nolo López: “Fueron sus caricias/ Llenas de mal y traición,/ Labios que mintieron despiadados/ Y al besar su falsa boca/ Se me helaba el corazón./ Ilusión que se fue,/ Amor que mató”.
“El último escalón”
, Dante Gilardoni y Florindo Sassone: “Hubo un ángel convirtiéndose en demonio/ Hubo un cielo que al final se desplomó,/Una boca incitante y mentirosa/ Y una voz que me arrastraba hacia el horror”.
“Fantoche de amor”
, Jacinto Alí: “¡Fantoche!, Porque besé,/Sus labios que mentían/ Sabiendo la verdad./ (…) Seguí siendo un fantoche/ Porque llegué,/ Al final de la comedia,/ Sabiendo ya el final”.
“Flor de cardo”,
Eugenio Cárdenas: “En las noches grises de mi vida/ Recuerdo las palabras/ De tus promesas mentidas,/ Que son puñales que en la sien/ Por ti me clava tu desdén”.
“La misma mentira”,
Abel Aznar: “¡Con esas mismas palabras/ yo me atormenté de celos!/¡Y me abracé a la mentira/ que tus ojos y tus labios/ como ahora prometían!...”.
“Me está hablando el corazón”,
José Canet: “Mentira fue el amar,/ Mentira fue el besar,/ Mentiras, nada más, mentiras”.



B) Sed de mentiras, sed de amor:

En este grupo, seleccioné algunos tangos que presentan a esta “mentira” no ya como causa de la ruptura amorosa, sino por el contrario, como un elemento indispensable para la continuidad de la presencia del ser amado a su lado. Necesidad del engaño, porque asegura la ilusión de un amor… necesidad de mentira, porque “retiene” al ser amado y se prefiere este estado antes que la ausencia total. En los siguientes ejemplos, se observa cómo la mentira se transforma en una especie de "medicina necesaria para curar esa enfermedad de amar".


“Pero te sigo queriendo”, Reinaldo Yiso: “Vuelve, aunque me mientas/ Necesito tus caricias y tus besos,/ Aunque cada beso me envenene/ Y me arrastre hasta la muerte”.
“Cuesta abajo”
, de Gardel y Le Pera: “Si aquella boca mentía/ El amor que me ofrecía,/Por aquellos ojos brujos/ Yo habría dado siempre más”.
“Más allá del corazón”,
Reinaldo Yiso: “Mentira... Es su vida una mentira,/ Mentira...
Que a mi vida le brindó.../ Sin embargo/ A pesar de todo eso por el fuego de sus besos/ Todo olvido, todo doy/No importa... Que me mienta despiadada,/ La quiero ¡Más allá del corazón!”.
“Nada más”,
Luis Rubistein: “No quiero nada, nada más/ Que la mentira de tu amor como limosna”.
“Una tarde cualquiera”,
Rodolfo Manuel Tabeada: “Y si pudieras mentir/ Si pudieras fingir,/Una frase amistosa./ ¡Qué consuelo sería esa hermosa!/ Mentira piadosa/De tu corazón”.
“Yo no merezco este castigo”, Dante Gilardoni y Cholo Hernández: “No sé si tú comprendes, alma mía/ Que mil veces doy la vida/ Por una mentira más.../ Una mentira... que me diga.../ Que me quieres... nada más...”.
“Soledad”,
Gardel y le Pera, 1934: “Mi corazón una mentira pide/ para esperar tu imposible llamado”.
“Al compás del corazón”,
Homero Expósito, 1942: “Late un corazón… déjalo latir/ Miente mi soñar… déjame mentir”.


Es complejo el mundo de los sentimientos, y de los misteriosos hilos que lo mueven. Hilos que cada uno de nosotros teje en cada experiencia individual. La Literatura, en sus letras, canciones, ya sea en formatos depurados, niveles de lengua elevados o en el más simple lenguaje popular, no hace más que saber decir, con arte, todo aquello que nos pasa a los pobres mortales. Y al recorrer todos estos ejemplos que nos trajeron hasta aquí, vemos que el tango se ocupó, ¡y cómo! en desarrollarlo.

Dejé para el final, unos versos de Homero Expósito, Enrique Santos Discépolo y Cátulo Castillo, referentes entre otros, de la mayor poesía que puede albergar un tango.
Y es así cómo expresan al extremo la desesperación de aquel que sufre por amor:


Enrique Santos Discépolo, “Condena”, 1937
Yo quisiera saber
Qué destino brutal,
Me condena al horror
De este infierno en que estoy...
Castigao como un vil,
Pa´ que sufra en mi error
El fracaso de un ansia de amor.




Homero Expósito, “Afiches”, 1952
Se me gastaron las sonrisas de luchar,
Luchando para ti
¡Sangrando para ti!
Luego la verdad,
Que es restregarse con arena el paladar
Y ahogarse sin poder gritar...
Yo te di un hogar... ¡Fue culpa del amor!
Dan ganas de balearse en un rincón.




Cátulo Castillo, “Desencuentro”,1962
Quisiste con ternura, y el amor
Te devoró de atrás hasta el riñón.
Se rieron de tu abrazo y ahí nomás
Te hundieron con rencor todo el arpón.







Por Mónica Matar

domingo, 1 de agosto de 2010

"Tempus fugit" en el Tango



Conceptos del tópico literario

El “Tempos fugit” (“el tiempo huye”, “el tiempo se escapa”) es un tópico literario, un tema recurrente en los distintos géneros. Aparece con Virgilio, el gran poeta latino, (70 a. C – 19 a. C), en las Geórgicas (Libro III).



“Sed fugit interea, fugit irreparabile tempos, singula dum capti circumvectamur amore”.


(“Pero en tanto, huye, huye el tiempo irremediablemente mientras nos demoramos atrapados por el amor hacia los detalles”).

Ese paso irreversible del tiempo, que todo lo acaba, también está presente mucho después en Jorge Manrique (poeta español, 1440 - 1479) que también reflexiona en sus “Coplas a la muerte de su padre” sobre la fugacidad de la vida:



Recuerde el alma dormida,
Avive el seso y despierte
Contemplando
Cómo se pasa la vida,
Cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor,
cómo, a nuestro parecer,
cualquier tiempo pasado
fue mejor.



Sería excesivamente larga la lista de escritores que han introducido este tópico en sus obras, por lo que los invito a cada uno a ampliar personalmente con otras referencias.


Y se hace presente en el Tango

Hoy les propongo una vez más pasear un rato por las Letras de los Tangos, que como verán a continuación, también incluyeron este tema en sus versos. En la extensa producción tanguera, es igualmente vasta la lista de tangos que incluyeron este tópico en sus letras. Por eso haré una breve selección que alcanzará para dar cuenta de cómo los autores escogieron este motivo literario para el género.

Tomaré este concepto en dos distintas extensiones semánticas según el caso de autores u obras:

1) El tiempo como “brevedad del hoy”, fugacidad temporal.
2) El tiempo “que no vuelve”, como idea de un pasado irrecobrable.


1) El “tiempo que huye”


Esa brevedad del hoy, es tomada en ese sentido amplio en varios tangos. Esa referencia se vuelve advertencia en casi todos los ejemplos, no importa si recurre a una tercera persona impersonal, a un “nosotros”, o a una alusión directa a una segunda persona. Esta idea está muy ligada a otro tópico literario, también con su germen en los poetas latinos, y es el del “carpe diem”. Horacio lo presenta como un “aprovecha el día”, porque el futuro es incierto.


Así, este hacer buen uso del hoy, ligado a la idea de que el tiempo es breve y se escapa, es tomado por los letristas del tango en variadas ocasiones.
Los siguientes son algunos de los tantos ejemplos. Pero para todos los casos, los invito a contextualizarlos con la lectura de la letra completa de cada tango.


Enrique Cadícamo, “Muñeca brava”, 1928: “Comprendé que la vida se va/ y se acaban los brillos y el rango…/ Y si el llanto te viene a buscar/ olvidate muñeca y reí”.

Cómo se pianta la vida”, Carlos Viván, 1929: “¡Cómo se pianta la vida! / ¡Cómo rezongan los años! / Cuántos fieros desengaños / Nos van abriendo una herida”.


Alfredo Lepera: “Volver”, 1935: “Sentir, que es un soplo la vida,/ que veinte años no es nada”.

Francisco Gorrindo (Froilán), “La vida es corta”. Ya desde el título se menciona la idea del tema que estamos tratando, y todo el tango es un llamado a disfrutar el hoy, porque del mañana no sabemos.

Homero Expósito: “Quedémonos aquí”, 1956: ¡Amor, la vida se nos va, / quedémonos aquí, ya es hora de llegar!
Chau, no va más”, 1974: “Vivir es cambiar, / en cualquier foto vieja lo verás. / ¡Chau, no va más!.../ Dale un tiro al pasado y empezá, / si lo nuestro no fue ni ganar ni perder, / ¡fue tan solo la vida, no más!”

Cátulo Castillo, “La última curda”, 1956: “La vida es una herida absurda, / y es todo, todo, tan fugaz, / que es una curda, ¡nada más! / mi confesión…”.

Eugenio Majul, “Alguien” 1956: “duele pensar que Dios nos llamará,/ que el tiempo se nos va…¡cortón, igual que un rezo!

Rubén Garello “Antes que llegue otro día”: “ Las horas pasarán/ Con su fugacidad, / Tratemos de atrapar / La eternidad”.


Chico Novarro, “El último round”, 1980: “¡Qué bronca...! / Ver que la vida se apura, / En cada cacho de sol, / En cada noche de amor, / En cada curda. /
¡Qué bronca...! / Saber que el tiempo se va, / Y abandonar la pelea / Antes del último round”.






2) El pasado que no vuelve, el ayer irrecuperable

Esta idea se presenta generalmente en el tango, aludiendo a los años de juventud, o épocas pasadas donde hubo un ayer mejor, de felicidad o riqueza. Y aquí van los ejemplos:

Manuel Romero, “Nubes de humo” 1923: “y mientras fuma recordaremos/ que como el humo del cigarrillo/ ya se nos va la juventud”.
Tiempos viejos” 1926: “Veinticinco abriles que no volverán/ veinticinco abriles volver a tenerlos/ si cuando me acuerdo, me pongo a llorar”:

Lorenzo A. Spinetto, “Añorando”, 1925: “Felices horas que ya pasaron, / Los días que el tiempo rudo borró, / Y hoy hay tristezas hondas / Secáronse las flores de mi ilusión”.

Enrique Santos Discépolo, “Quevachache” 1926: “Te creés que al mundo lo vas a arreglar vos?/ Si aquí ni Dios rescata lo perdido…”

Francisco García Jiménez, Carnaval", 1927: “¡Que el disfraz sólo dura una noche/ pues lo queman los rayos del sol”.
“Ya estamos iguales”
, 1932: “Ya sé que quisieras, con estos despojos de viejas quimeras,/ rehacer el romance de las primaveras que no vuelven más… /inútil empeño..”

Armando Tagini, “Mano cruel”, 1929: “yo sé que hasta el alma dieras/ por volver a ser lo que eras. / No podrás, la primavera/ de tu vida ya se fue”.

H. Zubiría y Manila, “Enfundá la mandolina” 1930: “Junto con el pelo/ que fugó del mate/ se te fue la pinta/ que no vuelve más”… “Han caído tus acciones en la rueda de grisetas/ y al compás del almanaque se deshoja tu ilusión”.

Celedonio Flores, “Pa´ lo que te va a durar”, 1933: “Pa´ lo que te va a durar tanta alegría y placer/ cuando entrés a recoger eso que vos hoy sembrás”.

Enrique Cadícamo: “Nostalgias”, 1935: “Desde mi triste soledad veré caer/ las rosas muertas de mi juventud”.
Cuando tallan los recuerdos”, 1943: “Mi viejo fueye querido, / yo voy corriendo tu suerte, / las horas que hemos vivido/ hoy las cubre el olvido/ y las ronda la muerte”.
La luz de un fósforo” 1943: "La luz de un fósforo fue / Nada más, / Nuestro idilio... / Otra ilusión que se va / Del corazón / Y que no vuelve más...”.


Francisco Gorrindo (Froilán), “Paciencia”, 1937: “De una vez por todas mejor la franqueza: / ¡yo y vos no podemos volver al ayer!/ Paciencia…/ la vida es así”.


José María Contursi, “Como dos extraños”, 1940: “Lección que por fin, aprendí / Cómo cambian las cosas los años. / Angustia de saber, muertas ya / La ilusión y la fe... / (…)Son mil fantasmas, al volver / Burlándose de mí... / Las horas de ese muerto ayer!”.


Homero Manzi, “Mañana zarpa un barco”, 1942: “Bailemos hasta el eco del último compás, / mañana zarpa un barco, tal vez no vuelva más”.


Homero Expósito, “Percal”, 1943: “La juventud se fue…/ tu casa ya no está…/ y en el ayer tirados, / han quedado/ acobardados, / tu percal y mi pasado.”
“Farol”,
1943: “farol… / las cosas que ahora se ven/ farol…/ ya no es lo mismo que ayer”.
“Lo mismo que un tango”, Julio Albano: “Lo mismo que un tango / Vivimos la vida, / Tras la que se ha ido / Toda la ilusión”.
Horacio Sanguinetti, 1947, “Los despojos": "Como el sol reseca el lodo... / Borra el tiempo, todo, todo... / Y se aprende a perdonar “.

Alfredo Lepera: “Volvió una noche”, 1935: “Mentira mentira, yo quise decirle, / las horas que pasan ya no vuelven más./ Y así mi cariño al tuyo enlazado,/ es sólo un fantasma del viejo pasado/ que ya no se puede resucitar”.
Recuerdo malevo”, 1933: “Tiempo viejo/ caravana/ fugitiva/ ¿dónde estás?”
Cuesta abajo”, 1933: “Sueño, con el pasado que añoro/ y el viejo tiempo que lloro/ y que nunca volverá”.
Arrabal amargo”, 1934: “Como una nube que pasa, / mis ensueños se van,/ se van, no vuelven más”.
Golondrinas”, 1934: “Alma criolla, errante y viajera, querer detenerla es una quimera”.



El de los muchos temas

Sabemos que el tango nos habló de muchas cosas, y la mayoría de las veces apuntando a nuestro hombre y a su vida con identidad netamente argentina. Pero al tratar el tema que nos convoca hoy, podemos observar un sentido más amplio, abarcador y dirigido al individuo en general…

En un siglo donde los cambios se sucedieron vertiginosamente, no sólo en el mundo, sino también en nuestro país, es lógico pensar desde un lugar de nostalgia por lo perdido, certeza de lo irrecuperable, y noción de que “hay que apurarse porque nada dura lo suficiente”. Y en las letras expuestas, está la prueba de ello.

Algunas personas relacionan al tango con la tristeza. Pero es quizás más certero relacionarlo con la convicción de una realidad que se mira, se siente, se padece y se intenta traspasar con un puente poético. Cuando la tristeza o la nostalgia se hacen canción, estos sentimientos encuentran su reparación total.


Por Mónica Matar




sábado, 17 de julio de 2010

Enrique Santos Discépolo: Escritura y Grotesco








El otro día un alumno me preguntó qué hacía Discépolo, y yo le contesté: “Escribía…”. Luego amplié un poco contándole que además actuaba, dirigía, componía, etc… Pero prioricé aquello de “escribir” por sobre todo lo demás. Porque considero que todas esas aristas de su expresión, inevitablemente fueron a morir en ESCRITURA.

Había en él una ineludible necesidad de sacar todo eso que tenía adentro. Pero no sólo sus propios sentimientos y pensamientos, sino también los del hombre en general al que observaba con agudeza y profundidad asombrosas.

Y si uno piensa en la figura de un escritor, reconoce a un amante de las palabras con una necesidad de expresarse mediante ellas. Pero acompañado siempre por el obsesivo afán del “cómo decir”. Y he aquí que el escritor, según mi criterio, está en Discépolo por encima de todas sus otras facetas. Él mismo en cierta oportunidad lo manifestaba, al hablar de sus tangos “como pequeñas enfermedades de mi yo, que necesito curar eliminando el microbio que las produce. Es la espera de que llegue a mí la enfermedad… la inspiración o como quiera llamársela. Yo no busco el asunto: éste tiene que venir a mí… sacudirme…De pronto advierto que una idea llega hasta mí como un golpe de sol, dejándome un sedimento de tristeza o de alegría que debo compartir con alguien. Con mis amigos, con el público, por una necesidad de mi propia naturaleza psíquica. Esa idea necesito rumiarla, madurarla, darle muchas vueltas en el ventilador del mate”.
Y agregaba en otras circunstancias: “Nunca quise comerciar con mis tangos, porque estos no salen a la luz hasta que están listos. Pensados, sentidos, escritos como yo quiero”.

Es así, entonces, como se gestaban sus tangos, entre padecimientos íntimos… Y luego de desarrollarlos, los expulsaba como si soportara los dolores de un alumbramiento difícil.
Sí, Discépolo el escritor… ése que daba cuerda al tema que quería tratar hasta el punto exacto que él entendía era la expresión justa de sus sentimientos. Sólo un gran escritor es capaz de transformar esa ráfaga de inspiración, en versos buscados, colocados y acabados.



Tango y Grotesco


Sería extenso analizar su obra desde distintos enfoques. Es muy rica y variada su producción para una sola página. Por eso quiero centrarme solamente en un aspecto. Y es el del GROTESCO.
La mayor parte de los tangos de Discépolo tienen los atributos del grotesco. Podría decir que fue el género esencial y soporte formal de su obra, porque su atmósfera y sus personajes aparecen trazados con esos atributos. Y ¿cuáles son estos?... Básicamente, los elementos del grotesco son tres.
El primero, fundado en que toda verdad está amenazada de ser, en lo más hondo, un espejismo, una falsa verdad. El segundo, es específicamente dramático, y consiste en evidenciar teatralmente aquellos supuestos filosóficos y expresarlos mediante un conflicto: lo que el personaje cree que es, bajo los efectos de una ilusión, y lo que el personaje es en su pobre y efectiva realidad humana. Y el tercer elemento corresponde al mundo de los sentimientos y sus efectos. Ese engaño que padece el personaje puesto en aquel dramático trance, produce, inevitablemente, un efecto cómico.

Al bucear en sus tangos, se advierte cómo Discepolín prefiriere ridiculizar la inmensidad del drama íntimo al extremo de lo burlesco, provocando la sonrisa tras el patetismo de lo humanamente irreparable. Y en “Soy un arlequín” de 1929, lo sintetiza: “¡Cuánto dolor que hace reír!”.


En esa angustiada confrontación, profundamente humana, de lo que hubo de ser y lo que negativamente fue, transitan los personajes de sus tangos. Así, pintando siempre con mordaz ironía la escena vigorosamente grotesca:

“Pero no ves gilito embanderado/que la razón la tiene el de más guita/que la honradez la venden al contado/ y a la moral la dan por moneditas” ("Qué vachaché" , 1926)
“Yo hubiera dado mi vida/para salvar la ilusión./Fue el único sol de esperanza/ que tuvo mi fe… mi amor…/Triste consuelo del sol que nada alcanza,/sueño bendito que me hizo traición.” ("Desencanto", 1937).
“Uno, busca lleno de esperanzas/el camino que los sueños/prometieron a sus ansias…” ( "Uno", 1943)
“Somos la mueca de lo que soñamos ser” ( "Quien más... Quien menos", 1934)

Y podría continuar con una extensa lista que incluiría a “Cambalache” y “Yira, yira”.


Pero prefiero concluir con lo que nos dice el mismo Discépolo, a propósito de lo expuesto hasta aquí:

"Yo tengo algunos tangos de forma cómica, pero de fondo serio. Son de ese género que hemos convenido en llamar grotesco. Estos sí que suelen pegar. Es porque reflejan otro aspecto de nuestro modo de ser. El criollo, y sobre todo el porteño, tiene el pudor de sus emociones y de sus sentimientos. Por eso no los exterioriza. Trata de despistar cuando habla. Es el temor a la cachada. Y para que no lo cachen los demás, se cacha él mismo. ¡La cachada! ¡Qué tema para un ensayista desocupado!... En ella reside nuestra debilidad y nuestra fuerza. Por temor a ella, cada vez que emprendemos algo, ponemos en juego las catorce antenas de nuestra radio interior. Quiero decir, que todas las potencias de nuestro espíritu entran en acción. Y si a pesar de eso fracasamos, nos burlamos a gritos de nuestro fracaso para evitar que se burlen los demás”.


Y finalizo hablándote a vos, escritor enorme vistiendo al tierno hombrecito... Quizás no nos habrías legado toda esa maravilla en letras de tango, si te hubieras cuidado más el alma… Si te hubieras descarnado menos…. Y si “realmente” te hubieras reído de vos mismo.

domingo, 11 de julio de 2010

Arrabal y contexto tanguero

Como punto de partida fundamental, es preciso recordar que el lenguaje no es un mero instrumento de comunicación: es un cimiento solidario, una visión del mundo que nos conduce a lo más íntimo y precioso de nosotros. Aun amenazado y acorralado por los mercaderes de opio que se multiplican por el planeta, es un don y un bien inalienable que está siempre disponible y abierto a nuestra voluntad de rescate y de restitución.
"El país que nos habla" de Ivonne Bordelois. 2005


Mucho se ha dicho y estudiado sobre los orígenes del Tango. Pero todos reconocen sus "humildes" comienzos, pues se lo tocaba y bailaba en prostíbulos y arrabales.
Y aquí me detengo hoy: en esa concepción de "Arrabal".



Buscando significados de distintas fuentes encontramos una variada lista de definiciones. Barrio de extramuros donde alguien canta o baila un tango, es una de ellas. La REA propone tres: "Barrio fuera del recinto de la población a que pertenece"; "Cada uno de los sitios extremos de una población"; "Población anexa a otra mayor".



Y entre sus sinónimos encontramos: "suburbio, afueras, alrededores, periferia". Y su antónimo, "centro" (quizás es el que más lo define por oposición).


Queda tal vez una duda centrada en si es parte de un límite y por ende "orilla" perteneciente a ese centro, o lo que está "afuera" de esos límites urbanos. También podemos bucear significados en otros idiomas, como vorstadt (alemán), suburbs (inglés) o faubourg (francés) que indican en sentido amplio, "alrededores".

Pero el "real" sentido de ese ARRABAL, nos lo dan las letras de distintos tangos, que han aludido una y otra vez a esa zona, que escapa de lo geográfico para alcanzar una connotación más rica y abarcadora.

En "Flor del arrabal", milonga de Luis Riccardi, queda asentada la idea del origen del género:"La milonga de ayer/Que mi raza cantó,/Y mi pueblo adoptó/Con cariño y placer;/Del arrabal se vino/Con su canto y su donaire,/Conquistando a Buenos Aires/
Con su ritmo sin igual".

En "La canción de Buenos Aires", 1933, lo reitera Manuel Romero: “Este es el tango, canción de Buenos Aires,/ nacida en el suburbio /que hoy reina en todo el mundo". Y lo mismo encontramos en "Nobleza de arrabal" de Juan Andrés Caruso: "Naciste en el suburbio/Y entre tangos dormilones,/Enredaron corazones/Tus vestidos de percal. /
Y al compás del organito/Que tangueaba en las orillas,/Bailaban en zapatillas/Los tauras del arrabal".


En un paseo breve por los tangos y autores (porque el tema da para mucho más), comencemos por el uso social que le da ya en 1919 Celdonio Flores en "Margot": "Se te embroca desde lejos, / pelandruna abacanada, / que has nacido en la miseria / de un convento de arrabal..."
O en "Mala entraña", de 1927, oponiendo la calle Florida (centro, lujo) al arrabal, donde el protagonista se comporta como si fuera rico, en un contexto social humilde: "Mezcla rara de magnate nacido entre el sabalaje / vos sos la calle Florida que se vino al arrabal".
También en "El ciruja" de T. A. Marino, 1926, se marca la relación pobreza-arrabal “como con bronca y junando, de rabo de ojo a un costado, sus pasos ha encaminado, derecho p´al arrabal”.

En "Arrabal Amargo", Alfredo Le Pera lo adjetiviza definiendo toda una concepción: "metido en mi vida como la condena de una maldición/tu nombre tortura mis horas de sueño/tu noche se encierra/en mi corazón". Pero esa idea de amargura está unida al recuerdo de un amor, y así al final de los versos, la nostalgia y el cariño retornan al evocarlos a ambos: " y cómo de nuevo/alivia tus penas/ vestido de fiesta/ mi viejo arrabal".

Otra caracterización del arrabal está unida al barro: "Las ruedas embarradas del último organito / vendrán desde la tarde buscando el arrabal..." , "El último organito," de Homero Manzi, 1948. Y en "El Choclo" de Enrique S. Discépolo, con la letra agregada 1947 "...salió del sórdido barrial / buscando el cielo... / ...luna en los charcos, / canyengue en las caderas..." . Como así también en "Puente Alsina" de Benjamín Tagle Lara, 1926: "...rodé por los lodos de aquel arrabal..." .



El barro es tomado aquí como el punto más bajo de la escala social, al que se puede caer, o desde el cual se puede ascender socialmente.
Por otra parte, la nostalgia de ese barro nos habla de la reglamentación de pavimentación, que lo hace desaparecer, y con él, todo un pasado añorado. Como se menciona en el mismo tango de Tagle Lara: "...borró el asfaltado de una manotada / la vieja barriada que me vio nacer...".

En "Farol", de Homero Expósito, 1943, la referencia es del arrabal industrial y de fábricas: "Un arrabal con casas que reflejan su dolor de lata... / ...un arrabal obrero... / ...allí conversa el cielo / con los sueños de un millón de obreros..."

La idea de pared, límite o sostén, es mencionada en dos inolvidables tangos: "Sur", de Homero Manzi, 1948: "Sur...Paredón y después/Sur...Una luz de almacén". Y en "Madreselva", de Luis C. Amadori, 1931: "Vieja pared del arrabal / tu sombra fue mi compañera..."

Y el arrabal como sitio donde confluyen un pasado de esperanzas, sueños rotos, amores juveniles, o perdida ilusión. Y he aquí una variada lista. Alfredo Le Pera en "Mi Buenos Aires querido", 1934: "La ventanita de mis calles de arrabal,/ donde sonríe una muchachita en flor…". "Bandoneón arrabalero" de Pascual Contursi, 1928: “Bandoneón arrabalero, viejo fueye desinflado, te encontré como un pebete que la madre abandonó”. "Anclao en París", de E. Cadicamo, 1930: “ Cómo habrá cambiado tu calle Corrientes, Suipacha, Esmeralda, tu mismo arrabal”. "Ventanita de arrabal", de Pascual Contursi, 1927: “Ventanita del cotorro, donde sólo hay flores secas. Vos también abandonada de aquel día… se quedó. El rocío de tus ojos, las garúas de la ausencia, con el dolor de un suspiro tu tronquito destrozó".



Y es en "Melodía de arrabal" de Alfredo Le Pera y M. Battistella, 1932, donde asoma en su máxima expresión, esa nostálgica mirada hacia el lugar geográfico :"Barrio... Barrio.../Que tenés el alma inquieta/De un gorrión sentimental./Penas... Ruego.../Es todo el barrio malevo/Melodía de arrabal./Viejo... barrio.../Perdoná si al evocarte/Se me pianta un lagrimón,/Que al rodar en tu empedrao/Es un beso prolongao/Que te da mi corazón.

Seguramente habrá muchos otros ejemplos que ampliarían este breve recorrido por el arrabal cantado en el tango. Propuse hoy este disparador de lo que significa ese término contextualizado, y que ustedes podrán enriquecer con otras y variadas interpretaciones propias. Pero siempre, como planteo en la introducción, no nos podemos quedar con la definición, sino buscar y ahondar en la connotación.

Por eso dejé para el final, las palabras de alguien que, más allá de sus capacidades indiscutibles de gran escritor, supo observar, investigar e introducirse en este mundo maravilloso y complejo que son las palabras.

Jorge Luis Borges, en "El idioma de los argentinos", ensayo publicado en 1952, decía lo siguiente a propósito del Arrabal.

"No hay quien no sienta que el arrabal es de carácter más económico que geográfico. Arrabal es todo conventillo del Centro. Arrabal es la esquina última de Uriburu, con el paredón final de la Recoleta y los compadritos amargos en un portón, y ese desvalido almacén y la blanquecina hilera de casas bajas, en calmosa esperanza, ignoro si de la revolución social o de un organito. Arrabal son esos huecos barrios vacíos en que suele desordenarse Buenos Aires por el oeste y donde la bandera colorada de los remates va descubriendo América. Arrabal es el rencor obrero en Parque Patricios y el razonamiento de ese rencor en diarios impúdicos. Arrabal es el bien plantado corralón, duro para morir, que persiste por Entre Ríos o por Las Heras, y la casita que no se anima a la calle y que detrás de un portón de madera oscura nos resplandece, orillada de un corredor y un patio con plantas. Arrabal es el arrinconado bajo de Núñez con las habitaciones de zinc, y con los puentecitos de tabla sobre el agua deleznada de los zanjones, y con el carro de las varas al aire en el callejón. Arrabal es demasiados contrastes para que su voz no cambie nunca".




Por Mónica Matar

sábado, 10 de julio de 2010

La Primera hoja

A veces la primera hoja no es parte del contenido...
El paratexto lo abraza, lo presenta, y hasta lo mima en variadas ocaciones.
No hay tapas en este caso, ni prólogo, ni datos de impresión o edición, ni epígrafes...
Quise esta Primera Hoja desnuda de preámbulos paratextuales, porque es una carta de presentación expuesta y sin vestiduras.
Mi mundo son las Letras y la música que han llamado Tango... Me acompañan desde la infancia. Solía leer desde los seis años cualquier cosa que cayera frente a mis ojos. Y escribí mi primer poema a los siete, y desde allí no pude parar con ambas cosas. Seguí la Carrera de Letras y obtuve dos títulos, que me llevaron a hacer docencia desde hace más de 20 años.
Y con el Tango... Ay, qué bellos recuerdos del combinado recién comprado de mi padre, que invadió con D´Arienzo todo el comedor... Y las risas de mi hermana y las mías, viéndolos bailar y esperando que haya un primer disco con música "que nos gustara"... Vino el primero y otros más, pero siempre cuando mis padres ya se satisfacían con el dos por cuatro. Recién ahí podíamos escuchar los nuestros...
Pero en las vacaciones esto continuaba, en Uruguay y con radio Montecarlo o Carve con su seguidilla de tangos interminable... Y el juego entre las noches de cartas a ver quién adivinaba qué orquesta tocaba o quién cantaba tal o cuál tango... Algunos ya me eran familiares, los ritmos, las voces... Pero era entonces sólo eso el tango en mi vida: la música que nos unía a la familia, pero sólo para ser escuchado... No imaginaba que muchos años más tarde llegaría a interpretarlo, a amarlo, a sentirlo como hoy...
Y así como las letras me sedujeron desde la niñez, el canto hizo lo propio. Con tías cantantes como las que tengo, era lógico que algo de lo artístico prendiese en mí... Así que cantaba todo el tiempo y siempre con auditorio que amablemente decía "esta chica va a ser cantante o actriz, pero va a ser artista". Y no se equivocaron...
Canto profesionalmente desde los dieciocho, un día que un vecino necesitaba una cantante para su grupo de rock en el escenario de la Feria de las Naciones... jamás había pisado un escenario, pero en ningún momento sentí ningún vértigo frente a esta situación: yo parada, cantando, y con gente esperando "a ver qué hace". Todo lo contrario: quería que vieran "qué hago". Lo necesitaba más que nada, así que allí estuve, como pez en el agua (más allá de que soy piscis)...
Y desde allí no paré... El rock, el pop, mucho melódico, mucho internacional, mucho de canciones francesas... Y en 1999 la primera presentación con el tango... Y también fue en un teatro, como cantante invitada en el Presidente Alvear... Y ahí sí que tuve algún que otro cosquilleo estomacal, mental y en los miembros inferiores... Desconocía aquí qué me pasaría a mí y qué pasaría con los que escuchasen... Tango... Respeto y admiración... Era difícil verlo de otra forma, yo que sabía ya a esta altura todo lo que es el tango... Es el género musical que perduró desde sus inicios sin bajar la cabeza, al contrario, pisando firme con cada uno de sus compositores e intérpretes... Por eso me dije ese día: si siento lo que el tango "es", lo voy a tomar como propio, como mi expresión única desde el canto, y lo intentaré llevar con los honores que se merece.
Y hoy el tango sale de mi voz, está conmigo durante mis jornadas y mis descansos, y recién en estos días me atrevo a grabar mi primer cd con él.
De Letras y Tango...
Y aquí estarán a partir de hoy, si quieren tomar mi mano y acompañarme en el paseo que propongo.